Wednesday, December 27, 2006

RIP

Manolo murió.
Estoy de luto. Triste. Tristísima. Por él y por una historia amorosa de esas que no terminó de arrancar. ¡Vaya timing! ¿Por qué todos decidieron irse al mismo tiempo?
Y justo en epocas navideñas. Joder.

Necesito palmaditas en la espalda.

Monday, November 27, 2006

COMO CAÍDA DEL CIELO

—Obvio que no me da miedo —dije a mis editores muy segura de mí misma.
La conejita debería lanzarse de un avión en movimiento y sólo sostenida por las tristes cuerdas de un paracaídas. Busqué a los de Experimenta y ellos se dieron a la tarea de mandarme a volar.
El día planeado desperté 45 minutos antes de que sonara el despertador. Tranquila, me dije, no pasa nada. Sólo plantéate las 30 preguntas existenciales sobre tu vida que aún no te haces y llámale a mamá:
—¡Virgen del santísimo socorro! —exclamó la recién convertida al teléfono—. ¡Estás loca!
La cita era a las 12 del día en el Aeródromo de Cuautla. Tras casi dos horas de carretera, el letrerito asomó tímidamente detrás de una curva: «Aeródromo. Paracaidismo Cuautla.» Si mi intuición no fallaba, debía continuar entre la maleza. Una vieja Cessna cuatro plazas me esperaba.
—Ya llegué —dije triunfal—. ¡Soy la que va a aventarse del paracaídas!
Los tres hombres sentados bajo la gran palapa apenas voltearon. Ninguno expresó una gran emoción al verme.
—El piloto tuvo un accidente. Pero ya viene otro de México —me anunció uno de ellos—. Llega como en dos horas. Te avisamos.
¿Accidente? Dos horas era el tiempo justo para salir del lugar y huir. Cuatro tacos de cecina de Yecapixtla con aguacate y tres chorizos después, cuando estaba por decidir que un saltito en paracaídas no me haría mejor persona, sonó el teléfono.
—Ya es hora —me dijeron.
Con la comida en la boca del estómago, regresé al aeródromo. Además de los tres tipos que me miraban con ternurita (incluido el camarógrafo que ya grababa mi inestabilidad emocional), llegaron Eréndira y su padre. Ella, morenita, con vestido ligero, sonriente y de mi vuelo y rodada, es la única mujer que hace tandem en el país. La escogí no sé si por solidaridad femenina, por empatía o porque ya en estas prefería morir con ella pegada atrás.
Me prestaron un coqueto overol blanco con un letrero rojo que decía “súper” en el trasero y que me hacía ver como una oruga blanca con vivos verdes y rojos en manos y pies. Acomodé mi flequillo, me puse los guantes y me dejé atar el arnés al torso.
—Tírate en el suelo… haz arco. Sube las rodillas… haz arco… —se encendió el motor de la avioneta y en la portezuela continuaron las instrucciones—. Levanta la barbilla. Haz arco. No sueltes el arnés. Haz arco…
Subimos el camarógrafo, el piloto, Eréndira y yo. El vuelo duró veinte minutos eternos y ruidosos mientras el sol se dibujaba como una pelota roja convirtiendo el paisaje en una foto monocromática. Sólo logré pensar en La Reina del Sur: seguro así eran los paisajes de Teresa, suspiré.

Entonces sentí una mano en el hombro. Con señas, Eréndirá me indicó que me hincara junto a la portezuela y tomara posición. Se colocó detrás y ató su arnés al mío. Me puse los gogles y empecé a sudar. Con las manos aferradas al arnés miré al piloto que sonreía con el pulgar en alto y decía algo inaudible.
En un instante se abrió la portezuela, el camarógrafo desapareció y una ráfaga de viento frío entró violentamente. Demonios. Me congelé mientras miraba tímidamente hacia fuera. El vacío. La nada. El estómago se me hizo chiquito con todo y tacos.
—Ay, ajaaaaaa —dije—. No, no ¡no! ¿Estamos todos locos? Está altísimo.
A 3,000 pies el paisaje era… aterrador. El corazón me latía tan fuerte que lo escuchaba. El dedo índice de Eréndira señalaba hacia algún lado fuera de la portezuela. Su pie derecho ya estaba en el estribo de la rueda.
Primera fracción de segundo.
Lo que seguía era poner el mío a su lado. Ándale, saca el pie, me dije.
Segunda fracción de segundo.
Yo paralizada.
Tercera fracción de segundo.
Eréndira hacia señas y gritaba algo que yo nomás no escuchaba.
Como robot, saqué el pie, lo puse en el estribo, me aferré al arnés y mi cuerpo de un solo bloque se tambaleó fuera de la aeronave. El viento me agitaba las mejillas mientras me sacaban video. Y eso, seguro, no se vería nada bien.
—¡Haz arco! —gritaba Eréndira, ya desesperada.
Acercó su mano a mi barbilla, la levantó y solté los pies cual bailarina de ballet en plena pirueta. 4, 3, 2, 1 y mi cuerpo cayó a 180 kilómetros por hora. Grité. Ahí estaba yo: libre, intensa, loca.Y mi amigo el camarógrafo daba vueltas a mi alrededor. Como estrella en alfombra roja, mandé besos y saludos estilo señorita México. Entonces, el jalón. Y silencio. El paracaídas se extendió en el cielo y mi cuerpo empezó a flotar.

—Ay que bonito —dije—. Sana y salva.
Pero el suelo estaba frente a mi, acercándose vertiginosamente… Y las instrucciones de Eréndira que ya ni oía. Brazos, cuerdas, los pies. Corre, corre, corre. Enredamiento de tobillos. Corre, corre, corre. No. Frena.
Puse los talones en tierra cual Picapiedra en troncomovil. Mi trasero, con todo y su letrerito fueron dejando tremendo surco en la tierra cobriza.
¡Plop! La conejita, había aterrizado.

Thursday, November 23, 2006

CUESTIÓN DE AMORES

Yo insisto. Las mujeres felizmente enamoradas se vuelven tremendamente aburridas. Y las otras (las mas) disfrutan enormemente los amores atormentados que nunca las satisfacen.

Decir a qué categoría pertenezco sería redundante. Pero vamos, a veces no entiendo la santa necedad de sufrir por un amorío.

Ayer pasé la mañana poniéndole definiciones a una relación. Que si más para acá, que si más para allá, que si le metemos freno aquí. Ya para la noche se me había olvidado tanto estatuto y yo sólo pensaba:

-¿Qué dices de que nos empiernemos bajo el edredón de pluma como amerita esta noche de las narices frías?

Ja. Mal chiste. No dio el resultado esperado.

Así me pasé el frío en un evento polanquero platicando con la Niña Lou de las Playas, a quién vi triste, más triste y con un semblante nada común en ella. Inútil decirlo, ¿no? Cuestión de amores.

Tuesday, November 21, 2006

LA VIDA DESPUÉS DE TÍ

Pues será casualidad, pero la nueva cancioncita poperona del grupito que tanto significa para Islerodemiura, ahora nos queda re-bien.

Van pasando los días, y yo voy aprendiendo a esto de vivir luego del último temblor, de aquel último capítulo que inició subiéndome al auto del mismo Islerodemiura de mi pasado, que negandose siempre a salir de mi presente, me citó para hablar de "cosas serias". así dio inicio una corta cita que por su significado me pareció eterna y que terminó 24 horas después con un encuentro fatídico en (¡vaya ironía!) El Lugar de mis Grandes Éxitos (qué tino, no?).

—qué curioso.. pensé entonces... que se necesiten tan pocos minutos para dar por terminado lo que se construye en años.

fue como la demolición de un edificio viejo, un delete del teclado de mi computador, un borroneadero con goma de pan.una lástima porque miren que a mi me gustan tanto los recuerdos...

alguna vez, hace muchos años, una mujer me miró la mano y me dijo que nací con estrella. yo siempre se lo he creído. hasta en estos casos. y es que, justo en aquel momento de derrumbes, sonó mi teléfono. al otro lado de la línea una voz me anunció una llamada de lejos.

—gracias por llamar justo a tiempo, pensé.

y ya acá entre nos, nariz con nariz, respirándole el aliento, le doy gracias por poner el tabique para construir el muro que me separa del pasado.

Saturday, November 18, 2006

ENCUENTROS IRREMEDIABLES DEL TERCER TIPO

Uh que cosas de la vida! Apenas estaba yo asimilando el último encuentro con Islerodemiura, cuando decidí irme de buen reventon a la famosísima Perla de mis Amores. Ahí estaba yo muy contentita y rebien acompañada, cuando aparece en la puerta de entrada el mismísimo Islerodemiura con recién anunciada Susodicha en Cuestión.
Dos segundos de pánico, el corazón se me detuvo y sucedió el encuentro crucial de miradas. ¡Qué ironía! Luego esa mueca que tanto conozco, el giro de la cabeza y la indiferencia.
—Joder! pensé. Ahora resulta que ni siquiera nos saludamos.

En fin, la noche pasó lo suficientemente incómoda con el pobre a punto de quebrarse el cuello de tanto evitar cruzar su mirada con la mía y, lo peor, en plena demostración de besos varios y cantantole un tango al oído (como si no supiera yo, a estas alturas, lo poco que le gustan las efusiones públicas y lo gastado de su recurso tanguero).

Total que para mi buena suerte a mi lado estaba el Hombre Adecuado que al inicio de la escena, tomó mi mano y me susurro al oído justo lo que necesitaba oír.

Ya para el dia siguiente, y en el recuento de los daños, me ha desaparecido la tristeza suavecita con la que salí aquel día, del bar polanquero. Cosas del destino, pienso. Bastaron pocas horas para quedarme sólo con el desencanto irremediable de haberme encontrado frente a frente con el mismo hombre de las mentiras de siempre.

Diganme nomás! Ahora resulta que 24 horas antes me estaba hablando, whisky en mano, del "profundo amor" que existirá siempre entre nosotros, de la obsesión de la susodicha con mi persona por obvias razones, de las mentiras que le ha dicho y (joder!) pidiendome que yo dijera unas cuantas para salvar su nueva relación.

Y a la vuelta del día, me voltea la cara como si con eso pudiera borrar la historia existente, como si con eso bastara para legitimizar sus cuentos baratos. Ja. A mi nomás me queda reír. Y neta, compadecerme de la nueva chicuela dispuesta a creer en sus palabras. Bienvenida al club (del que yo, bendita virgendelsocorro, acabo de salir).

Thursday, November 16, 2006

CUENTOS DEL PASADO

Hace muchos, pero muchos años tomé una decisión crucial en relación a aquel buen amor italiano: "que lo padezca otra. yo no más"
y con esa filosofía logré alejarme sufriendo un poquito menos. esa relación tormentosa se la dejaba a alguien más para que la padeciera. yo, decidí, ya me había cansado.
anoche, cigarrillo y copa en mano, me vi en la misma situación. cambiando el sujeto en cuestión, el escenario, la música de fondo y el calendario repetí la misma frase.
—que lo padezca otra.
o más bien, sentí un cierto alivio (y una pena prestada) de ver que era alguien más quien sufría por un amor que algún momento fue para mí.
qué tristeza suavecita. qué alegria profunda.
yo, ya estoy del otro lado. fuera de las mentiras, los engaños y los enredos. fuera de las crisis de celos. fuera del alcance de un hombre que no sabe decir la verdad. fuera, muy fuera de un pasado que ya pasó.
—yo, me oí decir en algun momento, te dejé hace muchos meses—.
y cuando lo dije supe que era cierto.
gracias islerodemiura por haberme hecho notar lo lejos que estas de hacerme daño otra vez. y sí, lo digo sin malaleche. ahora que lo padezca alguien más.

Wednesday, November 15, 2006

NUEVO, NUEVECITO

A ver, pues. El template nomás no termina de gustarme pero ya será cosa de poquito a poco. Estamos -seguimos- en cierre y a mí se me cierran los ojos. Pero no puedo irme a dormir sin anunciarles oficialmente mi nueva investidura (me la dan mañana pero yo ya me adelanté): Editora Web. El proyecto es secretito pero a mí se me queman las habas. Y sí, lo dicen los horóscopos, las estrellas y las videntes. La cosa laboral va de maravilla. ¿El corazón? Mmmm.. Ah.. ¿por qué? ¿ese también cuenta? Yo creo, que lo estoy dando por clausurado.

A VER.. ¿EN DÓNDE ESTOY?

Ja. Cual buscando a Wally, ni yo me encontré a la primera, así que no me ofendo si no me ven. Aquí estoy a la salida (con flechita verde pa' hacerlo más sencillo).Pero como a la hora de la llegada me falto público, aquí va el video para que vean que no, no hice trampa. Miren, miren. Se los juro que sí llegué. Escupiéndo el pulmón, pero crucé LA META en 1hr. 3min. 3seg. con un honroso lugar 13,191.
Admitámoslo. Podía haber muerto en el intento.

Tuesday, November 14, 2006

COMO CAÍDA DEL CIELO






Bueno bueno, aquí vamos. Traigo un desorden impresionante con fechas y eventitos varios, pero para variar estoy en cierre y eso no ayuda a mi organización personal. Mientras tanto ya pegué los post anteriores y estoy tratando (lo juro) de recuperar los comentarios aunque aún no sé bien cómo. En fin, les pongo unas fotitos del gran evento: mi descenso veloz en paracaídas de la semana pasada. en un ratito se los cuento pero sí sí. mejor de lo que podía imaginar.

Friday, November 10, 2006

Y SÍ. SI SOY YO

Primero ríanse mucho de mí, evitando de ser posible cualquier comentario sobre el movimiento cadencioso (o candente o decadente) de mis caderas. Digo, tampoco me iba a dejar humillar por la chiquelilla de 1.90, 49 kilos y bubis prominentes -seguro falsas-. Ya después les contaré las amplias consecuencias que mi hh participación televisiva ha tenido.
Ay sí.



pd. Ah! claro: no se llama "la condensa" ni se escribe así mi nombre, pero nadie dijo que tenían que saber escribir, no?

Tuesday, October 31, 2006

CUESTIONES DE INTER-PIEL

Si la ciudad está llena de espectaculares con Gabriel Soto y enamorada, luciendo piel bronceada y libre de todo vello superfluo, por algo será.
Dicen los editores de esta revista que someterse al tratamiento de depilación láser es lo de hoy. Pero obtener la cita no fue nada fácil. Después de pagar los 3,000 pesos a varios meses sin intereses, abrieron una agenda en la que me encontraron 15 minutos dentro de los próximos 45 días. Antes de retirarme, una señorita muy formal me recordó:
—No depiles la zona, rasura todo el vello y… —acotó con malicia— sólo deja la forma que desees que quede.

El día acordado desperté muy temprano para, espejo en mano, decidir “la forma”. No resultó fácil, es una de esas decisiones cruciales que pueden cambiar el rumbo de tu vida. Era tal el nervio que llegué 20 minutos antes a la cita en la esquina de Tamaulipas y Juan Escutia en la Condesa.

Parada frente a mi reflejo en la entrada del lugar de moda de la depilación, supuse que la colonia entera se preguntaba qué parte del cuerpo estaba a punto de transformar. «¿Pero qué necesidad?», habría dicho mi abuela.

—¿Qué le vamos a hacer? —me preguntó la señorita del mostrador.
Estoy segura que la rubia en el otro sillón reía escondida tras una revista y que el único caballero presente hacía como que no oía, presa del pánico de que todas las presentes nos hiciéramos la misma pregunta sobre él.

Armada de valor, seguí a mi guía hasta el “consultorio”. No medía más de dos por dos, paredes frías, luces blancas, un espejo de pared a pared, una máquina del demonio y una camilla. Antes de cerrar la puerta, la mujercita me entregó un misterioso paquetito.
—Avísame cuando estés lista —dijo con tono de rutina.

Respiré profundo y abrí el envoltorio como si fuera una bomba de tiempo. Era una diminuta tanga desechable. Me quité la ropa y me puse la prenda que, gracias a la falta de lycra, me hacía ver como luchador de sumo mal fajado. Las luces blancas tampoco ayudaban: se veía hasta la más pequeña vena verde-azulosa de mis muslos.
Ahí estaba yo, acostada en la camilla, semidesnuda, cero sensual y a merced de quiensabequién. 30 segundos después llegó la señorita armada de guantes, tapabocas y bata como a punto de desinfectar una zona de alto riesgo epidémico. ¿Pero por qué parecía que estaban a punto de hacerme una intervención quirúrgica?

Por si fuera poco, me entregó unos gogles muy oscuros. ¿Y si me estaban filmando para una de esas pelis snuff y yo ni en cuenta? Obvio que era una incoherencia producto de mis nervios, pero tampoco podía dejar de pensar en la señorita que —imaginé— me miraba a la entrepierna con el ceño fruncido.

—¿Que le vamos a hacer? —repitió por enésima vez.
—Lalineadelbikini-medioabdomen-y-entrepierna… y ¡auch! —me interrumpió el primer impacto fulminante, en el ombligo.
Vi un destello brillante, oí un choque eléctrico y sentí un dolor profundo que desapareció en dos segundos y luego… olí a pelo quemado.

La sensación no era agradable. La señorita continuaba su labor criminal sin darme tregua para lanzar gritos desaforados. Con destreza fue calcinando todo el vello en ombligo, ingle, muslo, pubis… «Duele», iba yo a susurrar cuando recordé que si tienen la agenda llena de los próximos meses de 8 AM a 8 PM, será porque hay una proliferación de valientes en la ciudad. Yo no me iba a rajar.

—Abra un poco las piernas.
…O tal vez sí.
—Sepárelas.
Y bueno, aquí vamos…
—Hágame un cuatro.
Ni borracha hago yo estas cosas.
—¿Le vamos a hacer el bikini por detrás?
Silencio.
—¿Quiere el bikini por detrás? —repitió.
Más silencio. ¿Qué demonios era “bikini por detrás”?
—Eh, mmm… este… no sé…
Supongo que al ver que yo no movía ni un músculo, me preguntó ya con ligero enfado:
—¿Hasta donde se rasuró?
—Obvio… ¡Hasta donde alcancé!
—Mmm, okay… Voltéese.
Qué buen chiste. Seguramente la señorita sabía esto de la conejita de indias y me estaba poniendo a prueba…
—Eh, no, ¿eh?… ¿Voltearme? —dije.
—Sí… le manejamos lo que es el interglúteo.
No sabía si reír o llorar. Ése sí que era un descubrimiento: ¡el “interglúteo”! Y no, no bromeaba.

Boca abajo, a cuatro patas, me pregunté por qué demonios estaba permitiendo que una mujer, guante y pistola en mano, me estuviera tocando el trasero. Un ruido estremecedor y sentí una quemadura en lo más recóndito.
—¡Aaauuch!
No me dio tiempo de decir más
—Listo, mil gracias. Póngase crema y la espero afuera para darle su próxima cita.

Tras oír cerrarse la puerta, me quité los gogles, me levanté despacito y me miré al espejo. ¡Que cosa! Treinta y tantos años de ceras calientes, químicos aterradores y pincitas torturantes y en 15 —dolorosos— minutos tenía el aspecto de una gloriosa estrella porno.


Bridget Jo ahora utiliza el sufijo “inter-“ para todo: «Estoy inter-esada en las inter-relaciones inter-nacionales de inter-curso», dice, por si alguien se apunta.

Tuesday, October 10, 2006

STIP BUNNY, STRIP

Descubrir, después de los 30, que existen músculos que una no tiene idea que se pueden mover voluntariamente es una experiencia memorable.

Mi nueva misión salió de las mentes retorcidas de los editores de la revista:
—Strip Bunny, strip —dijeron.
No sonaba nada mal para una de espíritu tropical y piesecito bailarín que se jura dominante en el asunto del ritmo. Corrí a inscribirme en mi siguiente experiencia extrema: clases de strip tease.

El trato lo hice por teléfono. Edith —famosa y reconocida jubilada del arte del encuere— me haría un lugar en sus clases. La cita en su propio instituto en Eugenia y División del Norte. Sólo me dijo: trae ropa cómoda. Una frase que a la hora de prepararme resultó un enigma… para una experta del strip tease ¿qué demonios significa ropa cómoda? (Elegí tímidamente unos pants holgados y una t-shirt dominguera.)

La respuesta la encontré el sábado a las diez de la mañana al subir las escaleras y encontrarme en el salón de duela rodeado de espejos, un tapete de peluche rosa, boas de plumas colgadas de las paredes y un coqueto sillón al fondo (para los espectadores, supuse). Había seis alumnas. Las aprendices de teiboleras íbamos de los escasos 20 hasta pasados, muy pasados, los 50. Una apretaba los kilos de más en body con transparencias, otra en versión deportiva despertaba nuestra envidia con el abdomen plano, estaba la voluptuosa, con aretes étnicos y actitud tántrica y hasta una más por ahí, chiquita, flaquita, insignificante que me recordó a Lety la Fea. Todas ligeramente avergonzadas de las oscuras intenciones que nos habían llevado hasta ese saloncito de la Del Valle.

Cuando el silencio empezaba a resultar incómodo, la que desde hoy sería mi gurú en estas artes dancístico-eróticas, de edad indescifrable y cuerpo espectacular, se paró frente a nosotras. Llevaba unos pants rosas a la cadera que se detenían sólo gracias a un trasero obscenamente prominente y un top que parecía reventar. El pelo suelto, rubio, le caía a mitad de la espalda y medía siete centímetros más gracias a la plataforma de sus sandalias pata de gallo. Saludó energética y sonriente y encendió la música.

Tumbada en el suelo, a cuatro patas, sobre un tapetito de yoga, me dispuse a movimientos muy lejos del ashtanga. Debía, en tres tiempos, deslizarme, girar el trasero al ritmo de la cabeza, mirar de reojo al espejo, arrastrar una mejilla en el suelo y regresar a la posición sin usar los codos. No pude llegar ni al tiempo dos.
Una vez de pie, mi descoordinación se volvió más evidente. Bajo las órdenes de «acaríciate, gózate, disfrútate» y un más intenso «muevan la cola» intenté deslizar los pies mientras me enredaba los dedos en el pelo, mover la pelvis en círculos y tensar la entrepierna inclinando la cabeza a la izquierda, bajar la barbilla y mantener los brazos entrelazados por detrás para marcar el dérriere. Todo esto, al ritmo de Christina Aguilera.

«Soy una auténtica vaca echada», pensé viendo cómo temblaban mis piernas y brazos. Llevaba una hora perdiendo el paso y sin saber si contar en voz alta, mirarme fijamente, avergonzarme o aprenderme la coreografía.
Al terminar la primera hora, la instructora nos condenó:
—Ahora ustedes solas que voy a verlas.
¿Estamos todos locos? ¿De verdad cree que me voy a poner a bailar a solas sin chelas de por medio?

Mientras el pánico escénico me consumía, una por una fuimos pasando. ¡Vaya revelaciones! La cincuentona, ¡con rodilleras puestas!, dio ejemplo de buena voluntad intentando levantarse del piso sin meter las manos, la joven tantra perdió tres veces el paso y cuando tocó el turno a la atleta de abdomen plano, la envidiamos, pero tenía que ser imperfecta:
—¡Tócate! —marcaba la instructora desde la esquina.
Y ella con la mano atrofiada. No había manera: acariciarse le resultó absolutamente imposible.
Entonces, se me acercó la chica del encaje negro:
—La primera vez es la más difícil —y su consejo me sonó al que se da a media noche y en cualquier tugurio a toda teibolera principante.
Entonces se lanzó a la pista la tímida Lety la Fea. Frente al espejo se transformó. Con una mano en el pelo y otra en el pecho, frotaba su cuerpo en un éxtasis creciente.
Enmudecimos.

Tocó mi turno. Cerré los ojos y contuve el aliento. La música dio inicio. Undostres, repetía mi cabeza. Undostres, giraba alrededor de la silla. Undostres, caminaba mirando con los ojos entrecerrados al espejo. Undostres, me olvidaba de las presentes. Undostres, me acaricié el pecho. Undostres, recordé que lo que menos le importa es la exactitud coreográfica. Undostres, sonreí de lado. Esto estaba siendo mejor que la terapia sicoanalítica de los últimos seis meses. Undostres, me convencí: firme, final y nalgadita en el trasero.




Bridget Jo ahora ya le maneja lo que viene siendo el tubo, el “lapdans” y los movimientos básicos de piso. ¡Y tiene bonita letra!

Monday, September 25, 2006

LA CONEJITA SE VA DE LIGUE

¿Qué sentido tendría ser una Conejita de Indias si no fuera por la absoluta frustración de nunca haber usado (ni siquiera en Carnaval, vamos) un ajustado leotardo de satín negro, mancuernillas y corbatín al cuello, altas zapatillas de tacón de aguja y unas coquetísimas orejitas que hacen juego con la colita de peluche pegada en mi trasero?

O quizá por el mismo amor por lo extremo que alguna vez me hizo corresponsal de guerra pensando que nada podía ser más peligroso que atravesar, a diario y a las tres de la mañana, la colonia Doctores con destino a una redacción de noticiero matutino.

Visto que en estos momentos la zona de guerra más cercana es la que cruza los camellones de Reforma y que entre las paredes de esta redacción ya se arman las apuestas, decidí exponerme sin reparos a las más exóticas experiencias urbanas.

Pensé que el primer reto sería pan comido: desmentir a mis odiados compañeros de oficina —todos bien casados o por lo menos amarradísimos— que insisten en que después de los 30, en esta ciudad el antro no es lugar para que te liguen.

Estas condenada al blindate —sentenciaban.

¡Por Dios! Eso no se lo pueden asegurar a una como yo, recién pasadita de la treintena, de espíritu tropical, piececito bailarín y no malos bigotes, pero sobre todo, con buena disposición para el encuentro amoroso y que cada semana, casi religiosamente, antrea que da gusto y con no malos resultados. Claro, siempre soy yo la lanzada… Sólo por esta vez, permitiría que fueran ellos los que me conquistaran.
Así que, con la consigna de triunfar o de lo contrario ganarme una cena en compañía del primo de un amigo que juran es buen partido, decidí lanzarme a la caza de bajo perfil.

Si nadie me liga —les dije— me voy de blindate y hasta me tatúo.

En pleno sábado, por ahí de las siete de la noche, empezó el delicadísimo trabajo de producción: baño perfumado, depilación profunda, maquillaje discreto, jeans en estilo casual, tacones muy altos y mirada número tres, la más seductora.

La idea era simple y perfecta: acompañada de una buena amiga —de buen ver, soltera y trentañera para estar en sintonía— nos lanzaríamos en una noche de ligue antrero. La zona: ni dudarlo, Condesa si queríamos encontrarnos un chico hip sin poses excesivas.
El Cafeína pintaba como el lugar perfecto. El mood ideal: buena música, ambiente cool y suficientes treintañeros con estilo.

Partiendo plaza, nos acercamos a la barra, cerquita del dj. Martini y tequila para iniciar. Como dictan las normas del buen ligue, bebíamos, sonreíamos, mirábamos alrededor y, cuando era absolutamente necesario, nos hacíamos algún comentario sin importancia. (En estos casos las platicas profundas de amigas en crisis están totalmente vetadas.)

El tiempo pasaba. Treinta minutos, una hora, dos, tres tequilas, sonrisas impecables. Sin resultados.
A las 12, el asunto era claro. Aquí no habría movida.
Por ahí de las 2:30 de la mañana, se encendieron las luces. Cuando el último comensal salió por la puerta de cristal, nos apresuramos a dejar el lugar antes de ser fumigadas por el hombrecillo que empezó a rociar veneno bajo las mesas. Ç

Pero la esperanza es lo último que muere. La misión debía de continuar. Convencí a la amiga, con más ganas de quitarse los tacones que de seguir ligoneando, de caminar sólo tres pasos hacia la izquierda sobre Tamaulipas: hacia el AM, antro after hours del momento.

Dentro, otro tequila y el fracaso se veía venir. El lugar, como buen after que se respete, estaba a reventar. Pero los asistentes o rayaban en la pubertad o estaban metidísimos en la postfiesta. Cambié de tequila a boost con jagermaister para recuperar energía. El máximo contacto posible era en el dancin’ donde uno choca así como sin querer con el de junto. Muchas tustsi pop y botellitas de agua.

Entonces llegó el primer avance. Era hora, digo yo. Un hombrecillo de camisa negra, pantalón negro y encendedor en mano me ofreció fuego. Mi finísima intuición dedujo en dos segundos y sin preguntar que se trataba de un mesero…
Casi sin voltear, di dos fumadas y agradecí con la mano. Dos segundos más tarde preguntó si venía sola. Con la sorpresa de que me hablara en tono de tal confianza, voltee a mirarlo. Era guapo y estaba mirándome. Y no, no era mesero. Así que era imposible ligar en un antro, pensé triunfalmente.

Iba a intercambiar nombres cuando una jovencita, diminuta y por lo menos diez años menor, me arrebato el cigarro, lo tomó de la mano y dijo «te aviso que es mi novio.» Me sentí en secundaria, di la media vuelta y dejé a la pareja discutiendo su estatus amoroso. Eran las cinco de la mañana y yo, y mi amiga, en blanco.

El antro, ahora confirmo con tristeza, no aplica para conseguir un buen partido. El mundo del ligue treintañero está condenado a la tortura del blind date. Pero eso, y mi nuevo tatuaje, será tema de una próxima aventura.